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El asesino invisible.

Vemos lo que nos venden una y otra vez en las noticias; nos angustiamos y sufrimos pensando en que no nos toque a nosotros. Estigmatizamos a personas por su raza o procedencia, por miedo a un contagio con tal de sentir una falsa seguridad. La nueva amenaza del Coronavirus nos tiene alertas, por un lado los medios nos dicen que no hay de qué preocuparse, pero por otro nos machacan a diario con las muertes que va provocando.

Pero si vamos a las estadísticas no deja de ser una nueva forma de gripe, más agresiva sí, sobre todo para los mayores, pero gripe al fin. Y esto dará a las farmacéuticas cuando se haya desarrollado una vacuna, millones de euros de todos los gobiernos como ya pasó con la gripe Aviar. Un mecanismo simple: mucha propaganda de miedo y luego venta masiva de las vacunas.

Algunos lo verán bien, pero yo lo vería mejor si hubiera, al menos, la misma preocupación por otra enfermedad infecciosa que acaba en el mundo con la vida de un niño cada 39 segundos: la neumonía infantil.

De esto casi no se habla aunque provoca más de 800 mil muertes de niños al año.

Y es mucho peor en muertes que el Coronavirus.

No hay estadísticas que puedan captar la tragedia humana que está en el centro de esa emergencia. Causada por bacterias, agentes virales u hongos, esta es una enfermedad que ataca los sacos de aire de los pulmones, causando que se inflamen y se llenen de pus. Los niños quedan –literalmente– luchando por respirar.

La buena noticia es que la neumonía infantil puede ser vencida, con un diagnóstico temprano y preciso por parte de un trabajador de salud, la mayoría de los casos pueden tratarse con éxito con antibióticos básicos que cuestan menos de 45 céntimos de euro. Gavi (la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización) ha financiado la vacunación de más de 120 millones de niños.

La mala noticia es que aunque las muertes por neumonía infantil están disminuyendo, lo hacen más lentamente que las de otros grandes asesinos como el paludismo y el sarampión.

Mi pregunta es: ¿por qué el mayor asesino de niños del mundo genera tan poca acción y cooperación internacional?

La respuesta más viable es que la neumonía infantil es la enfermedad de la pobreza. Los que se enfrentan a los mayores riesgos -los pobres de las zonas rurales y los habitantes de los barrios marginales urbanos- carecen de voz en las prioridades de la agenda sanitaria, y aunque los niños más pobres se enfrentan a los mayores riesgos, son los que menos probabilidades tienen de ser inmunizados, los últimos en la lista de tratamiento y los que más riesgo tienen de recibir un diagnóstico inexacto.

La neumonía permite comprobar la (in)equidad de los sistemas de salud. Cuando aparecen los síntomas de la enfermedad, los hogares más pobres a menudo retrasan el tratamiento porque les preocupa su coste, o porque la clínica más cercana está lejos.

En el día de hoy la neumonía matará a más de 2.000 niños. Esa es una emergencia sanitaria, y es una que podemos detener. Esperemos que el compromiso firmado por los gobiernos hace 5 años, de «poner fin a las muertes infantiles prevenibles» para el año 2030, si no es cumplido al menos se acerque a ello.

Eduardo A. Castro López.

Fuente: Kevin Watkins, Diario El País.

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